EL DIABLO EN EL OJO
No sé lo que esperas tú de un disco de debut, pero lo que encuentras en "Nit" (noche en mallorquín, un
título muy apropiado para unir estas once canciones) es un arma arrojadiza, un guante en tu mejilla, una
arrogante declaración de principios. Después de las tres espléndidas canciones que componían su primer single,
ofreciendo las primeras pistas sobre sus intenciones (Tindersticks, sí, y también Nick Cave, Chris Isaak, Jack,
Scott Walker, incluso los primeros Suede), El Diablo En El Ojo se han dedicado a trabajar duramente
para domar unos demonios que, en este tremendo debut largo, ponen de rodillas y a sus pies a la flor y la nata
de la independencia nacional.
Ayudados una vez más por la clarividente producción de Francisco Albéniz (líder del legendario grupo La Búsqueda),
los cinco miembros de El Diablo En El Ojo han realizado un trabajo detallista hasta la exageración, repleto de
matices, esquinas y claroscuros, que puede pasar sin problemas del romanticismo neorockabilly de los
Flaming Stars al pop orquestado de The Divine Comedy, hacer homenajes a Kurt Weill (¡y a Concha Piquer!), y no
solamente salir airoso de la prueba, sino poner la carne de gallina con una voz en estado de gracia y unos arreglos
ajustados, precisos, de un clasicismo respetuoso pero libre de ataduras formales.
Jordi Maranges demuestra continuamente que es uno de los mejores cantantes de su generación, solvente en
castellano y en inglés, poseedor de una gama de registros que permite al grupo evolucionar en distintas direcciones
sin perder una personalidad forjada a base de trabajo e inspiración a partes iguales. El Diablo En El Ojo suenan
grandes, inmensos: emocionantes, épicos sin cruzar el límite de la pretenciosidad, íntimos sin caer en la falsa
modestia o en la falta de fe en sus capacidades. Seguros de sí mismos, canción tras canción van afirmando su
propuesta, arrastrando al oyente incauto al fondo de su universo romántico, desesperadamente bello. Escuchar
este disco con atención produce el mismo desasosiego que asomarse peligrosamente al fondo de un precipicio:
con el viento golpeando tu cara, a sólo un paso de una experiencia definitiva y liberadora, la tentación de
dejarse llevar por la atracción hacia el vacío es al mismo tiempo inquietante y fascinante, como la música de
El Diablo En El Ojo.
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