FERNANDA ABREU
"Entidade Urbana" tiene una prehistoria de riesgo que consiste en lo siguiente: recientemente, o sea,
en las últimas dos décadas, para sorpresa y vergüenza de los cariocas, Rio de Janeiro pasó a ser conocida
como una Ciudad Partida. De un lado, la Zona Sur, los ricos, los condominios y los shopping centers y los
cines multiplex de la Barra. Del otro lado, la Zona Norte, la pobreza, los suburbios, las chabolas, los bailes funk.
Entre un lado y el otro, en la frontera, apenas el miedo, la ignorancia, la violencia, el comercio de armas y drogas.
Durante todo ese tiempo de Ciudad Partida, oí centenas de veces la afirmación de que el número de asesinatos
en Rio era mayor que el de los peores tiempos de Beirut en guerra. No fui a confirmar las estadísticas. Ni
desconfío de ellas. Pero sé que toda esa descripción de "nuestra" guerra civil tiene la fuerza de un mito, un mito
tan poderoso como aquél que antiguamente alimentaba la imaginación del mundo, de Brasil y de los propios
cariocas, cuando creíamos vivir en la Ciudad Maravillosa, la ciudad del mestizaje, de la mezcla, de la alegría
carnavalesca constante.
No debemos establecer con los mitos la misma relación que tenemos con la verdad, o con la mentira. Pero no
hablo nada nuevo al decir que los mitos no deben ser confundidos con la realidad. La idea de que hoy vivimos
en una Ciudad Partida no debe ilusionarnos: la ciudad no es, nunca fue y nunca va a ser - totalmente - partida.
Al contrario de lo que dicen las versiones más radicales del mito, las dos "zonas" nunca estuvieron totalmente
separadas.
A pesar de las apariencias, y de las noticias de los diarios, un vigor cultural y social constante - siempre
renovado - mantuvo vivo y resistente lo que existe en esta ciudad de "maravilloso".
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